Recuerdo mi primer día en la escuela primaria. Tenia recien 7 años y realmente era inusitado esa sensación de "aventura". Mientras yo me sentaba apaciblemente en mi pupitre observaba como un niño mas grande que yo era practicamente arrancado de los brazos de su madre en un mar de lágrimas (no debe ser tan malo, pensé). Mi primera maestra tenia mucha presencia, aunque no recuerdo bien los detalles. Cada que salíamos al "recreo" cerrábamos la puerta del salón con llave, para que nadie metiera alimentos al mismo. Era engorroso andar con tu "termo" cuando querías jugar a encantados o al stop, así que por un agujero de la ventana podría guardar facilmente el termo, dentro del salón, para que nadie lo alcanzara. Luego de abrir la puerta me extrañó ver mi termo tirado en el suelo(se me habrá caido, tengo que limpiar este desastre) y justo antes de tocar mi termo (que era de color crema con tapa azul) algo quemó mi ojera y me alejó dando tumbos por todos lados. La maestra casi me arranca la ojera y gritaba cosas que no entendía por la desorientación. Al final solo entendí "ve por el trapeador" (lo cual ya habia pensado antes de que me lo gritara). Asustado fuí directo al baño donde me encontré a Carmen, la conserje. Me paré frente a la puerta del baño, sin habla. Ella muy extrañada por mi expresión me preguntó "¿que te pasó?". Y sin antes haberlo pensado rompí en llanto. Me tuvo que llevar a la dirección ya que estaba muy alterado. Le llamaron la atención a la maestra, me pidió perdón (aunque creo que no aceptó su culpa). Pero, a mi no me dolía la oreja ya, y el susto ya habia pasado... lo que me hizo llorar es haberme dado cuenta de como se siente la "Humillación".
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